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¿MI ESTADO EMOCIONAL AFECTA A MI RENDIMIENTO COGNITIVO?

Laura Rastrollo y Miguel Ángel Maroto. ¿Mi estado emocional afecta a mi rendimiento cognitivo?

 

«Hoy una amiga me llamó diciéndome que se había caído y estaba en el hospital porque se había roto la cadera. Durante todo el día no paro de darle vueltas a cómo estará, si le dolerá, pensando “pobrecilla, encima sabiendo que sus hijos viven tan lejos, estará sola allí…”.

Por la tarde me ha llamado mi hijo para contarme las reformas que están haciendo en su casa. No recuerdo lo que me ha dicho, estaba distraída y mientras hablaba sentía que no estaba escuchándole.»

 

Nuestras funciones cognitivas no tienen descanso:

  • Necesitamos la atención para leer, cocinar o ver una película
  • El lenguaje para comunicarnos, escribir un mensaje o entender a nuestros familiares.
  • La memoria para recordar el nombre de los objetos que nos rodean o escenas de nuestra vida.
  • La percepción para orientarnos en el espacio o interpretar las formas y colores.
  • Las funciones ejecutivas para hacer cálculos mentales o planificar nuestra conducta…

Constantemente hacemos uso de estas funciones mentales y su eficacia viene determinada por el rendimiento cognitivo.

¿QUÉ ES EL RENDIMIENTO COGNITIVO?

Es la capacidad de nuestro cerebro para utilizar la información disponible y responder a las necesidades que percibe desde el entorno.

Una persona que presenta un alto rendimiento ofrecerá una respuesta más eficaz, utilizando de forma óptima sus funciones cognitivas.

 

¿QUÉ FACTORES INFLUYEN EN NUESTRO RENDIMIENTO COGNITIVO?

Son variados, como el nivel educacional o la experiencia laboral, que se han relacionado con un mejor desarrollo de las funciones.

La edad también influye en el rendimiento: un niño de 4 años no tiene las mismas capacidades que un adulto de 40 o de 80 años.

Como se explicará más adelante, en la edad avanzada las capacidades y habilidades mentales se deterioran de forma progresiva.

 

PERO, ¿QUÉ TIENE QUE VER MI ESTADO EMOCIONAL EN TODO ESTO?

Muchas veces decimos “me he levantado con el pie izquierdo” para justificar haber tenido un “mal día” donde las cosas no salen como nos gustaría.

Esto puede explicarse por el estado emocional.

Las emociones son la base de las relaciones interpersonales que establecemos en nuestra vida. Influyen en nuestras actividades de la vida diaria, en la motivación, la comunicación, la forma de expresarnos, de pensar… es decir, en nuestra calidad de vida.

Dado que todas estas actividades son dirigidas por nuestras funciones mentales resulta lógico vincular las emociones con nuestro funcionamiento o rendimiento cognitivo.

Podemos distinguir dos tipos de emociones:

  1. Las agradables, como la felicidad o la seguridad.
  2. Las desagradables, como el miedo o la tristeza.

Estas últimas han sido las más estudiadas en la bibliografía en cuanto su asociación con el rendimiento cognitivo.

El estrés, ampliamente relacionado con la ansiedad, afecta a las habilidades mnésicas (de la memoria), al aprendizaje, el razonamiento y la atención.

Estas funciones, además, son denominadas “básicas”, pues nos hacen falta para el funcionamiento del resto de capacidades mentales.

Por otra parte, tanto la ansiedad como la depresión son alteraciones emocionales de gran intensidad que interfieren en la funcionalidad diaria del individuo, generando una menor esperanza de vida.

Las emociones agradables, por su parte, también interfieren en el rendimiento, aunque lo hacen de un modo positivo. Los sentimientos de este tipo favorecen un aumento de la motivación, curiosidad e interés, el compromiso con la tarea y un mayor crecimiento personal en todas las etapas evolutivas.

Aunque las emociones modifican el funcionamiento de nuestras capacidades cognitivas, la función que ha sido más estudiada, porque varía de forma contundente con el estado afectivo, es la memoria.

¿RECUERDAS ALGÚN MOMENTO DE TU VIDA DONDE TE SENTISTE MUY FELIZ?, ¿PUEDES RECORDAR UN MOMENTO EN EL QUE SENTISTE MIEDO?

Son muchas las investigaciones que ponen de manifiesto la relación entre los sentimientos y la memoria. Nuestro estado emocional favorece el acceso y la evocación de recuerdos, por eso, cuando estamos tristes recordamos otros momentos de dolor y de tristeza pasados: los recuerdos están relacionados afectivamente.

De la misma forma que los recuerdos pueden evocarse a través de las emociones, las emociones pueden asegurar el mantenimiento de un recuerdo.

Los estados afectivos agradables y desagradables favorecen una mayor eficacia del recuerdo a corto y a largo plazo.

Estudios con adultos en edades avanzadas explican cómo los materiales (fotos, objetos…) que se presentan en un determinado estado emocional (sorpresa o tristeza) son más sencillos de evocar a largo plazo que los materiales presentados en un estado neutro.

ENVEJECIMIENTO Y EMOCIÓN

El proceso de envejecimiento conlleva cambios también a nivel emocional, sobre todo, con altas cargas de estrés debido a la necesidad de adaptarse a los constantes cambios que van apareciendo: aislamiento, enfermedades crónicas, preocupaciones económicas, cambios físicos y deterioro funcional, entre otros.

Cuando el envejecimiento se acompaña de una alteración en las funciones mentales con interferencia en las actividades de la vida diaria, hablamos de un proceso de deterioro cognitivo leve.

Los déficits cognitivos más reportados en el envejecimiento han sido los fallos de memoria.

La información que mejor se conserva es la que se acompaña de una intensidad emocional significativa.

Por su parte, el deterioro se acompaña, en muchas ocasiones, de síntomas depresivos (apatía, tristeza, anhedonia, pérdida de interés), lo que explicaría que personas que presentan un menor rendimiento cognitivo tuviesen una mayor facilidad en el almacenamiento y evocación de información relacionada con emociones desagradables.

De la misma forma, la sorpresa ha mostrado un gran impacto en el mantenimiento de información propia de la memoria declarativa (es decir, la memoria que usas cuando quieres pensar voluntariamente en un recuerdo) en todas las etapas evolutivas.

 

ALZHEIMER Y EMOCIÓN

El Alzheimer, al igual que otras demencias, es un proceso de deterioro que, por sí mismo, genera cambios emocionales. Esta patología produce, entre otras alteraciones, una atrofia de las estructuras del sistema límbico, ampliamente relacionado con la afectividad.

Las personas con enfermedad de Alzheimer, habitualmente, presentan apatía, depresión y/o ansiedad, emociones que se vinculan a una disminución del rendimiento cognitivo y funcional del sujeto. Estas alteraciones producen aislamiento social, disminución en la realización de actividades gratificantes, deterioro del área social y un menor cuidado del aseo personal.  Debido a las implicaciones que tienen estas emociones en las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, muchos estudios coinciden en que favorecen el deterioro y el rápido avance de la enfermedad.

¿QUÉ PUEDO HACER PARA GESTIONAR MEJOR MIS EMOCIONES?

La gestión emocional resulta fundamental para evitar, en la medida de lo posible, la interferencia de nuestras emociones en el rendimiento cognitivo.

Es necesario poder identificar las emociones que sentimos:

  • ¿La culpa y la responsabilidad son iguales?
  • ¿Qué sientes en tu cuerpo cuando te enfadas?

Estas son preguntas que quizás nunca te has hecho, pero has convivido toda tu vida con esas emociones. Todas las emociones tienen una función: darnos un aviso sobre lo que estamos viviendo, fuera o dentro de nosotros mismos.

Es normal que a veces nos sintamos tristes, no pasa nada por estarlo, pero es importante que también nos permitamos poder estar mejor. Te explicamos cómo:

  • Haz alguna actividad que te guste. La emoción desagradable ya genera de por sí un impacto negativo sobre ti, ¡no te castigues! Te mereces sentirte bien. Todos tenemos algún hobby que disfrutamos, ¿Por qué no hacerlo ahora?
  • Llama a algún amigo/a o familiar y cuéntale cómo te encuentras. El desahogo es fundamental para una buena gestión emocional, necesitamos “ventilar” cómo nos sentimos.
  • Escribe un diario. Cuando no podemos desahogarnos con otros, uno mismo puede buscar otras herramientas. La escritura es una herramienta de gestión emocional y cognitiva en sí misma ya que no incluye únicamente un desahogo donde plasmar cómo nos sentimos, sino que requiere una planificación de la información, una buena destreza gráfico-motora y una estimulación de las áreas lingüísticas.
  • Date tiempo. Hay días que, a pesar de hacer todo esto, seguimos teniendo un gran malestar y no pasa nada. La frustración es la peor enemiga del correcto desempeño cognitivo: tómate el tiempo que necesites y haz descansos.
  • Rutinas de ejercicio físico. El ejercicio físico tiene mucho impacto sobre nuestras emociones ya que generan grandes cantidades de moléculas en nuestro cerebro que nos hacen sentirnos bien. Aumenta nuestra autoestima, nuestra fuerza y rendimiento físico y favorece el descanso. Debe realizarse siempre adaptado a las necesidades de cada uno.

 

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BIBLIOGRAFÍA

  • Flores, M. J., Ortega, M. C. y Sousa, C. (2019). El envejecimiento activo y la inteligencia emocional en las personas mayores. Familia, 57, 125-137.
  • Garín, M. B., Briones, A. y Ballesteros, S. (2013). Programa combinado para mejorar el estado emocional y prevenir el deterioro cognitivo de adultos mayores institucionalizados. Información psicológica, 106, 41-53.
  • Ríos-Flórez, J. A., Escudero-Corrales, C. y Bautista-Ortiz, L. Y. (2017). Influencia de las emociones sobre los procesos de memoria declarativa en el Deterioro cognitivo Leve. Katharsis, 25, 3-21.