Cristina Sánchez y Miguel Ángel Maroto- Deterioro cognitivo leve: ¿qué significa? (parte II)

Continuamos acercándonos a las primeras fases del deterioro cognitivo. Si te perdiste la primera parte, la puedes consultar aquí.

 

  1. ETAPA DE DETERIORO COGNITIVO SUBJETIVO + ETAPA DE DETERIORO COGNITIVO LEVE.

Para que sean más sencillas de entender, englobaremos estas dos fases de la escala GDS en una sola. Esta fase se denomina prodrómica.

Aquí se empiezan a notar algunos síntomas leves, pre-clínicos: pequeñas desorientaciones, pérdidas de objetos, dificultad para decir el nombre de personas o cosas…

Sobre todo, se van notando estos síntomas en situaciones o ambientes de estrés o de exigencia, como en el trabajo. Y empieza a haber algunas percepciones de terceros que se dan cuenta que algo no va bien.

En estas etapas no hay alteraciones “graves” de la conducta ni de la capacidad cognitiva. Y las que hay son difícilmente perceptibles o son achacables a múltiples razones (estrés, despiste…)

Pero precisamente aquí se reúne buena parte de la investigación porque es cuando podemos actuar contra la enfermedad de forma eficiente.

Es decir, la investigación intenta avanzar principalmente en el diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer.

 

 

  1. ETAPA DE DEMENCIA LEVE:

Aquí se suele producir ya un cambio importante de situación y comienza a ser, normalmente, una etapa clínica. Es decir, ya se puede diagnosticar la enfermedad de Alzheimer mediante un examen neuropsicológico.

Se empiezan a ver claramente dificultades para situaciones como:

  • Planificar actividades complejas, como organizar una fiesta o programar un viaje.
  • La memoria a corto plazo falla claramente.
  • Se profundizan las confusiones entre distintos episodios de la propia historia.
  • Se empiezan a tener serios problemas para gestionar el patrimonio.

 

 

Es cuando se suele dar uno de los momentos más delicados de todo el proceso: dar el resultado del diagnóstico al enfermo y a la familia.

La información calmada y clara (ni profusa y técnica, ni insuficiente) es necesaria para la familia y para el enfermo, que es una persona capaz y consciente en gran medida.

En muchas ocasiones se puede producir rechazo del diagnóstico por el enfermo, por la familia, o deseo de ésta de que no se le diga nada al paciente. Son situaciones delicadas que el médico tiene que tratar con claridad y tranquilidad.

Es el momento de empezar los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos y el cambio de vida. Hay que interiorizar y aceptar la nueva situación y la enfermedad:

  • Será el momento de dejar el trabajo, si se estaba en activo, o de iniciar los procesos de invalidez laboral.
  • Dejar de hacer, al menos solo, algunas de las actividades que se hacían.
  • En la familia se produce un terremoto, con un movimiento de funciones, de roles, de actuaciones y responsabilidades.
  • En muchos casos en este momento se inicia el duelo, no por la pérdida física del ser querido, sino por la pérdida irreversible de la persona que es o que era, de forma paulatina.

Normalmente será el familiar más allegado o el más capaz o con una disposición temporal mayor el que se vaya convirtiendo en el cuidador principal.

La vida del cuidador principal cambiará radicalmente en la mayoría de los casos.

Es el momento de aprender, para el enfermo y para la familia, lo que es la enfermedad y cómo vivir con ella.

Las capacidades del enfermo serán cada vez menores y, en especial, este aprendizaje y cambio lo tendrá que asumir el cuidador principal.

 

 

Es el último momento para utilizar las salvaguardas que el derecho da a las personas que son capaces de obrar, pues en este momento el enfermo aún tiene capacidad. Está disminuida, pero aún la tiene. Es momento para utilizar figuras como el poder general preventivo, la autotutela, o dejar resuelto el testamento.

También es el momento, si no se ha hecho antes, de que el enfermo realice su Testamento Vital, o también llamado, el documento de Instrucciones Previas, en el que declare su voluntad con respecto a los tratamientos y formas de actuar en el final de su vida y después de su muerte.

A partir de ahora será la incapacitación legal la que tenga que estar presente y valorar la posibilidad de pedirla y de cuándo pedirla, pues el deterioro podrá ralentizarse o, incluso, estacionarse durante un tiempo, pero no mejorará.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

  • blog.fpmaragall.org/escala-fast
  • Díaz-Madomingo, M.C., García-Herranz, S., Peraita-Andrados, H. Detección precoz del deterioro leve y conversión a la enfermedad de Alzheimer: un estudio longitudinal de casos. Madrid. (2010). Revista Psicogeriatría 2010; 2 (2). Viguera Editores.
  • Deus Yela, J; Deví Bastida, J.; Sáinz Pelayo, M. P. (2018). Neurología de la enfermedad de Alzheimer. Madrid: Editorial Síntesis.
  • Herández-Lahoz, C., López-Pousa, S. (2016). Alzheimer. Guía práctica para conocer, comprender y convivir con la enfermedad. Oviedo: Ediciones Nobel.
  • Valls-Pedret, Cinta; Minuevo, José Lui; Rami, Lorena. Diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer: fase prodrómica y preclínica (2010). Barcelona. Revista Neurol 2010; 51 (8).
  • Vila Miravent, J. (2011). Guía práctica para entender los comportamientos de los enfermos de Alzheimer. Barcelona: Ediciones Octaedro.